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Peter sobre el Muro de Berlín: “Fue bastante especial vivir en esos tiempos”

Berlín despertó el 13 de agosto de 1961 dividida en dos por una alambrada. En los días siguientes levantaron un muro doble tan alto como si dos adultos se pusieran en pie uno encima de otro. Estaba hecho de hormigón y alambradas para evitar que nadie lo cruzara.

 

Este muro marcó la vida de los berlineses durante 28 años y provocó que numerosas familias quedaran divididas. Peter fue uno de esos niños que nacieron y crecieron en una ciudad dividida, con familiares a un lado y al otro del muro.

 

Peter, seguro que muchos de nuestros oyentes se preguntan ¿cómo fue crecer como un niño en una ciudad dividida en dos? ¿Eras consciente de que había un muro?

 

Sí, porque vivía en el barrio de Prenzlauer Berg, que estaba cerca del muro. Nuestra calle, donde estaba el primer piso en el que vivimos, estaba cortada por el muro. Estábamos muy cerca. Y el segundo piso en el que vivimos, ya en otra calle, en el mismo barrio, pero un poco más lejos, si andabas cinco minutos veías el muro. Por eso lo veíamos a menudo. No cada día, pero estaba cerca, estaba ahí.

 

Pero bueno, como niño era algo muy normal. Existía este muro. Como un muro de cualquier cosa, que no se puede pasar. Más tarde fui un poco más consciente de que esto significaba algo diferente. Aunque claro, en mi familia se fueron algunos miembros. Mis dos tías y mis abuelos se fueron al oeste de Berlín en los años ochenta, cuando yo tenía como seis o siete años.

Peter rompiendo el Muro de Berlín con un martillo el 10 de noviembre de 1989

¿Cómo lograron cruzar?

 

Yo nací en 1979 y en este mismo año una de mis tías se fugó de Alemania del este en un automóvil. Esa historia me la contaron mucho más tarde. Se fugó en 1979, pero la Policía la encontró y tuvo que ir a la cárcel trece meses. Después, en 1981 pudo salir de la cárcel e ir a Alemania del oeste, porque Alemania del oeste tenía un programa con el que daba a Alemania del este dinero para que pudieran salir personas que estaban en la cárcel. Era un programa para comprar prisioneros.

 

¿No le ofrecieron en ningún momento salir de la cárcel, pero para volver al este?

 

No, no. No se podía. Era un delito muy grave y no se podía elegir. Por eso tuvo que ir a la cárcel. A la misma cárcel en la que había gente, que incluso había matado. Justo hace unos meses hablamos sobre esa época, pero cuando era joven no era un tema del que se hablara mucho, porque era bastante pequeño, aunque lo sabía.

 

Tus abuelos y otra tía cruzaron en los ochenta. ¿Cómo lo lograron ellos?

 

Sí, mi otra tía conoció a un chico de Alemania del oeste, que por las noches cruzaba a Berlín del este para pasar la noche. Se conocieron en un bar o discoteca de la Alemania del este. Medio año después mi tía esperaba un niño suyo y por eso pudo salir de Alemania del este. Por su parte, mis abuelos se jubilaron. En Alemania del este había un programa, que permitía a todos los jubilados irse de Alemania o cruzar al oeste del país.

 

¿Cómo fue para ti crecer sin tus abuelos y tus tías?

 

Ah, bueno, una historia interesante de esa época era que en Berlín estaba todo muy cerca y se podía desde algunos sitios específicos ver a la gente, que estaba al otro lado. Por ejemplo, mi tía iba a una estación del S-bahn (cercanías de Berlín). La plataforma de la estación de tren era bastante alta y podía vernos en la calle, en el Berlín del este.

Otra de las formas de vernos era encontrarnos en un parking en una carretera en Alemania del este. Ellos podían ir con sus coches a este parking y nosotros también. Nos encontrábamos allí, pero solamente unos minutos, porque estaba prohibido. Pero bueno, a pesar de eso, no tenía la sensación de estar limitado. Tenía una vida muy normal, iba al colegio…, aunque sí que es verdad que íbamos al mismo sitio de vacaciones más o menos. Y claro que era todo un poco más militar que hoy, porque había más policía.

Peter, cuando era un niño, en el barrio berlinés de Prenzlauer Berg

Tu familia y tú os mudásteis al oeste de Berlín antes de que cayera el muro. ¿Cómo lo lográsteis?

 

Sí, ésta era la cuarta forma de cruzar el muro: una era la cárcel, otra tener un niño con alguien del oeste, otra jubilarse y nosotros.

 

Mis padres hicieron una solicitud para salir del Estado. Era algo oficial. Cada ciudadano lo podía hacer, pero no era muy normal que la gente lo hiciera, aunque esta posibilidad existía. Sin embargo, a veces la gente esperaba quince años, diez años, cinco años para poder salir.

 

En los años 70, por ejemplo, este proceso tardaba mucho más, pero a finales de los 80, antes de la caída del muro, creo que era un poco más relajado y funcionó más rápido.

 

Además, mi padre hacía cosas y hablaba con gente, cosas que se podían hacer sin ir a la cárcel, pero que provocaban que el Estado supiera que no podían convertirle en una persona que quisiera quedarse y pudimos salir después de un año o año y medio. Salimos a principios de 1989, medio año antes de la caída del muro.

¿Por qué quisieron cruzar tus padres al otro lado?

 

Creo que la principal razón era hacer vacaciones. Viajar a cualquier sitio que quisiéramos. Querían viajar a cualquier país, a París, a España, a sitios que no conocían. En el este no se podía viajar a cualquier sitio. Solamente en Alemania del este y con especial permiso a lo mejor a Checoslovaquia o Polonia y a Rusia a veces, pero era bastante especial.

 

¿Cómo viviste ese cambio de pasar del Berlín del este al Berlín del oeste? ¿Fue un gran cambio para ti?

 

Una cosa es que en el barrio en el que nosotros vivíamos, en el este de Berlín, se podía recibir la televisión del oeste y se podían ver series. Eran series de Estados Unidos, del oeste.

De esta manera teníamos contacto con la forma de vida del oeste. Yo siempre quise, cuando tenía ocho o nueve años, salir e ir a Estados Unidos e ir a ver el mundo, por eso me alegré cuando mis padres decidieron ir al otro lado.

 

Todo sucedió muy rápido. La Policía o el Estado decidió que podíamos salir y nos avisaron solo una semana antes de la fecha en la que debíamos abandonar el este de Berlín.

 

Mis padres recibieron la carta y tuvieron que organizarlo todo en un plazo de una semana: la mudanza, dejar el trabajo, sacarnos de la escuela… Cuando llegó el día acordado salimos de casa con una o dos maletas, como se va ahora de vacaciones y el resto del piso llegó en un camión de mudanza, pero fue mucho más tarde.

 

Mis padres tuvieron que buscar un nuevo trabajo en el oeste Berlín. Después de hablar con la Policía y mostrar los papeles, fuimos en tren desde la estación de Friedrichstr., justo en el centro de la ciudad, hasta Zoologischer Garten, la estación central del oeste de Berlín. De esta manera, pudimos cruzar oficialmente y fuimos a la casa de mis abuelos. Ahí vivimos uno o tres meses. Hasta que mis padres encontraron un trabajo, un piso y plaza para el colegio y todo.

 

Fue un gran cambio. Las tiendas estaban llenas de cosas. Mis abuelos vivían muy cerca de una calle peatonal llena de tiendas. Yo como niño pequeño quería una bici BMX, que estaba de moda entonces. Era muy interesante ver todos los juguetes que había.

 

Hice amigos nuevos en el nuevo colegio, aunque al principio fue un poco difícil. Y también hablaba un poco diferente, porque en el este de Berlín se hablaba un poco más con el acento berlinés y en el Berlín del oeste se hablaba un poco más como el alemán correcto. Por eso se dieron cuenta de que yo era de Alemania del este. Pero después de medio año ya hablaba como los demás.

 

Poco después de salir del este de Berlín cayó el muro. ¿Cómo recuerdas esa noche? ¿Cómo fueron los meses siguientes?

 

Claro que me di cuenta de la caída del muro, porque mis padres hablaron mucho de ello y lo vimos en la televisión. El muro cayó por la noche, bastante tarde. Mi padre siempre me cuenta la historia de que se fue a las once a la calle para cruzar el muro, porque estaba abierto y se encontró con su hermano en el centro de Berlín, pero en el este. Volvió a las tres o a las cuatro de la mañana. Al día siguiente, fui con mi padre. Mi padre me preguntó si quería salir a ver el muro. Llevamos un martillo y empezamos a golpear el muro para llevarnos algunas piezas del muro. Aún tengo algunas en el piso.

 

Sí, incluso para mí, aunque era bastante pequeño, fue un tiempo bastante especial, porque conocía los dos mundos. Antes el este, después el oeste y ahora los dos mundos juntos. Aunque incluso todavía, treinta años después, se nota la diferencia un poco a veces. En esos tiempos eran dos mundos diferentes, pero fue muy interesante.

A veces pienso que fue bastante especial vivir en esos tiempos. Pero incluso más especial para mis padres, porque vivían una vida como normal en dos mundos Y claro, nuestra familia, la parte de mi madre estaban todos en el oeste ya, las dos tías y los abuelos. Y la familia de mi padre estaban todos en el este.

 



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